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Bhaile Dúchais, tierra de héroes.


Bienvenidos a la tierra de Bhaile Dúchais (Béil Dúkais), hogar de los thine dhane (zin dein), la gente del fuego. Los thine dhane son honrados y orgullosos, de piel curtida por el trabajo en el campo y sangre mezclada de mil culturas. Los llaman la gente de fuego debido a lo común que es dicho tono en su cabello, algo bastante chocante para los extranjeros y otras razas que alcanzan sus tierras, aunque los juglares te contarán sonrientes, que el nombre les viene dado por la contagiosa pasión con la que viven.

Bhaile Dúchais está situado en las tierras de Cre´Dathánna (kre-dazanna), un paraje de inmensas llanuras verdes, pequeñas colinas y densos bosques envueltos en brumas eternas. El río Fíon desciende desde su nacimiento al este, en el monte de pico plano conocido como El Yunque, corta Bhaile Dúchais en dos, y prosigue su camino hasta su desembocadura al oeste en la Cornamenta del Ciervo.

El Manto Blanco, la guardia real de Gaoth Cathair (Gaoz Kazair) patrulla habitualmente el Camino del Rey (la carretera del este) y las rutas que la cruzan, aunque no suelen adentrarse fuera de éstas. Son hombres bien entrenados y equipados, aunque escasos en número. Mercenarios y aventureros ejercen a menudo de pequeñas milicias improvisadas, subvencionados por la capital para cubrir la falta de guardia entrenada en las aldeas mas remotas.

Las tierras salvajes, mas allá de los caminos, son protegidas por los montaraces de la Atalaya del Búho Gris, emplazada muy al norte, cerca del muro montañoso del Espinazo del Wyrm. Son hombres hoscos y solitarios, fácilmente reconocibles por sus capas grises (sobrenombre por el cual también son conocidos, los “capas grises” o la “guardia gris”).

Al oeste de Cre´Dathánna las poblaciones de los thine dhane se van volviendo cada vez mas escasas, siendo sustituidas por las aldeas de los fionn, que se extienden a lo largo de la Cornamenta del Ciervo siguiendo las pequeñas rías en las que se ramifica el río Fíon en su desembocadura.

Los fionn dicen ser los primeros habitantes de la tierra, siendo fácilmente identificables por sus intrincados tatuajes y los adornados faldones de cuero que visten tanto hombres como mujeres. Son gente gentil y emocional, amantes de las viejas tradiciones y las buenas peleas.

Los fionn siguen la Vieja Fe y son extremadamente supersticiosos, lo cual choca a menudo con la mentalidad mas abierta de la los dhane. Pero sobre todo choca con la gente que vive mas allá del Bosque del Cuervo, al sur de la Cornamenta del Ciervo: los drunes, sus enemigos ancestrales.

Los drunes son gente misteriosa y peligrosa, adoradores de dioses primigenios sedientos de sangre, criaturas que no deberían existir y a los que alimentan con los cadáveres de sus sacrificios. Algunas tribu drune incluso han mezclado su sangre con la de orcos o elfos oscuros con la esperanza de crear estirpes mas fieras y bestiales. A penas usan ropa para cubrir sus cuerpos (incluso las mujeres visten poco mas que un taparrabos), prefiriendo tintar sus cuerpos con patrones que representan a sus deidades y (dicen) les protegen de las heridas. Usan armas de sílice o hueso cuando no pueden rapiñar de metal, y son dirigidos por druidas oscuros y brujas que a menudo ocultan sus rostros bajo máscaras construidas con los cráneos cornudos de bestias y extrañas criaturas. Su visión entre la niebla ha engendrado numerosas pesadillas entre los civilizados dhane, poco acostumbrados a la brutal cultura drune.

Sin embargo, tanto fionn como drunes tienen un serio obstáculo para llevar a cabo sus batallas: el Bosque del Cuervo. Una gran extensión de árboles antiguos como el propio mundo que se extiende por muchos kilómetros desde el mar hacia el este, como una muralla viviente que separa a ambas culturas. El bosque tiene una merecida fama de lugar encantado, pues los gnomos Puk se encargaban de mantener alejados a los extraños mediante trucos ilusorios y dones druídicos. Actualmente, los elfos silvanos han construido una ciudadela alrededor del túmulo del corazón del bosque, un lugar sagrado para sus habitantes originales, los gnomos, que tras perder la batalla por sus tierras, se han visto obligados a retirarse hacia el norte.

Dejando atrás los pantanos y marjales de los drune, en la frontera sur, se alzan las Montañas Brumosas. Una fortaleza natural donde se emplaza la majestuosa (y ruidosa) capital de los enanos de las colinas, Zifin Kazad, la Ciudad del Viento, un entramado de tuberías y torres llameantes que se hunden y reaparecen por la montaña, extrayendo gas y carbón entre engranajes, fuelles y mecanismos colosales.